Una ciudad inteligente con sistemas de sensores, pantallas tactiles y camineras electricas

Una ciudad inteligente significa valerse o usar una o varias inteligencias para que dicha ciudad salga airosa y adelante frente a la adversidad, vicisitud e inclemencia que se pudiese suscitar o intentar imponer afectando en menor medida la vida de sus habitantes y procurando bienestar para todos y cada uno de ellos.

Una ciudad saludable quiere decir ser una metrópoli que vele y garantice una alta calidad y expectativa de vida, capaz de cortar riesgos y peligros en lo físico, mental y espiritual. Todo esto siempre depende de sus autoridades locales y habitantes en conjunto para hacer decisivos planes de monitoreo, coordinación y efectuación de tareas destinadas a cumplir satisfactoriamente las metas trazadas desde un principio. 

Yo, por mi parte, recomiendo que las edificaciones deben estar libres de asbesto, sustancia mineral fibrosa e inalterable al fuego, la cual es riesgosa, altamente inflamable, contaminante y dañina para la subsistencia humana en grandes metrópolis. El asbesto, muchas veces, es utilizado en construcciones empresariales de vivienda con tal de reducir costos y abaratar gastos.

Asimismo, el utilizar el sistema de sensores en los servicios locales y áreas comunes de las calles y viviendas contribuye a modernizar y actualizar dicha serie de servicios para tranquilidad y comodidad de los usuarios y la comuna en general y para reducir gastos de agua y electricidad. Un sensor es un dispositivo que capta magnitudes físicas (variaciones de luz, temperatura, sonido, etc.) u otras alteraciones de su entorno. Un sistema de sensores, por ejemplo, para los lavavos y retretes de los servicios higiénicos para reducir el gasto del agua y no permitir su pérdida indiscriminada. Sensores para los TVs para que no se queden prendidos después de que la gente deje el lugar y se vaya a hacer lo que tiene que hacer. Sensores para las radios para que no se queden prendidas después de que hayan dejado los auriculares. Sensores para las puertas de casas, negocios y edificios públicos para que se abran fácilmente ante la presencia de gente discapacitada. Y sensores para dar mayor seguridad a los vecinos ante la presencia de intrusos, desconocidos y personas de mala moral.

A su vez se puede implementar varios mecanismos, parecidos a los sensores, a partir de conexiones a iPads, pues es sabido que ya existen estudios sobre la factibilidad de conectar el iPad y usarlo para que funcione como dispositivo central que genere el movimiento sucesivo que brinde el servicio, tal como el manejo de un carro u otra bondad que sea muy beneficiosa para toda la comunidad. 

También, el uso y práctica de azoteas verdes en el sentido que todas las azoteas hagan un esfuerzo por convertirse en pulmón y oxigeno para la ciudad a través de biohuertos caseros, jardines acondicionados y un pequeño conjunto de maceteros con plantas fáciles de cuidar y proteger.

Además, la utilización de pantallas táctiles y delgadas con colores programados y definidos para gente de todas las edades y, especialmente, daltónicos para trámites documentarios en negocios y edificios públicos y las escaleras y camineras eléctricas para personas discapacitadas suman conceptos para que se defina una verdadera ciudad inteligente y saludable.

Ser una ciudad inteligente y saludable debe ser la prioridad de toda localidad, pues ello garantiza que sus habitantes vivan y sigan viviendo muy bien por años sin preocupación alguna de mayor relevancia y trascendencia.  

Espero que les haya gustado. Cualquier cosa no duden en contactarse conmigo que para eso estamos.

@freddiearomerop
















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